lunes, 12 de enero de 2009

Quimeras...






Su mirada de ojos lilas siempre veía hacia adelante, como retando al destino, esperando el futuro, nunca volvía hacia atrás, estaba segura de quién era, de cómo era, y no sentía miedo alguno.
Su cabello de un verde olivo volaba al viento, no lo sujetaba, lo dejaba así, libre, suelto, se enmarañaba por allí, en lugares, en recuerdos.
Le gustaban las tardes frescas, a la orilla del mar, era como si perteneciera a esos lugares, solitaria, sólida, segura.
Cuando hablaba sorprendía lo melodioso que era el tono de su voz, se mezclaba con notas de piano, con cuerdas de violines mágicos que decían palabras dulces, llenas de sabiduria, pero también llenas de amor.
Él la amaba... la amaba porque era así, tan ella, tan sola, tan única.
Recorrían caminos montados en un unicornio de cascos plateados, ágiles, ligeros. Sus cuerpos se fundían en uno solo, en un abrazo interminable, en besos amorosos, en besos sutiles.
Su mundo era solo suyo, de nadie más, nadie entraba, allí podían ser incoherentes, amarse, pertenecerse.
Se veían a los ojos y allí se perdían cada uno en los pensamientos del otro y sus mentes eran una sola mente y tenían un solo camino.
No necesitaban nada, ni cobijo, ni alimento, uno era el alimento y cobijo del otro, sus cuerpos desnudos se conocían... de mucho tiempo, de siglos. Sus manos sabían los lugares, y llegaban a ellos de manera natural.
Ella también lo amaba, guardaba en su corazón lo que él era, tenía en sus labios su aliento y lo saboreaba en secreto.
Eran dos... y eran uno... y eran miles.

Gaby

2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

esta historia de amor parece sacada de un cuento de hadas, asi me la imagino yo cuando dices que tiene ojos lila y cabello verde, pero es realmente linda la historia....Me gusta mucho como escribes. matty