Te propongo…
Hola, te propongo algo… que tal que ahora tu te quedas y yo me voy… así cuando me aparezca de vez en cuando mis hijas me verán como un héroe que regresa.
Propongo cambiarte los días de cine y charlas amenas, por las difíciles batallas cotidianas; los abrazos y besos de bienvenida, por las malas caras de “arregla ese cuarto por favor”.
Me quedo con las añoranzas por tí y te heredo las noches de no dormir por la angustia del mañana.
Te cambio los agradecimientos efusivos a un regalo, por las exigencias diarias de dinero para transporte, comida, ropa y demás, ¡qué fácil viviría yo así!, me alcanzaría para realizar mis sueños, hacer mis viajes y vivir como me diera la gana y en mis horarios.
Me despertaría sin prisa, me bañaría con calma y con agua caliente, comería lo que se me antojara y a la hora que quisiera, mi casa estaría ordenada y limpia y toda la ropa guardada en el closet, que obvio... estaría siempre con las puertas cerradas.
Cambiaria las caras de enojo, por un mamita te extraño y los azotones de puertas por abrazos apretados cuando me fuera.
Pero sabes… creo que no, me quedo como estoy, pues no cambio nada por el maravilloso susurro de oírlas dormir seguras en sus camas.
No cambio los viajes ni los sueños personales, por las sonrisas de complicidad por un par de zapatos nuevos, ni el beso de las buenas noches por el más apretado abrazo de despedida.
Ni mucho menos todo el dinero del mundo… por una sola de sus sonrisas.
Olvídalo, seguimos igual…