La lluvia cae silenciosa y ese tenue sonido me remonta a otra época, escuche ese sonido por primera vez cuando aún me alumbraba una hoguera que alguien había prendido en la cueva.
Recuerdo que me desperte y sentí el frío que se colaba por las rendijas de las rocas, me aprete más a la piel que cubria mi cuerpo desnudo.
Ahora hago lo mismo, me tapo bien con el edredon de suave algodón que cubre mi cuerpo desnudo.
Siento de nuevo tus manos sobre él... y en mis oidos las palabras que quedamente pronuncias cuando me amas.
Esas palabras que has dicho cerca de mi durante muchos siglos y que tiene la extraña propiedad de calentar la parte baja de mi vientre.
Evoco tu rostro y evoco el mío y nos miro como si fueramos dos jovenes enamorados, que apenas se han reconocido, a pesar de que hemos estado juntos en otros tiempos y que solo recordamos en momentos así.
Recorres con tus manos mi cuerpo, que siempre encuentras hermoso, tu mirada se pierde en las curvas, en las oscuridades, en los lugares y me siento vibrar muy dentro.
Y es que siempre te encuentro acá conmigo, en la lluvia y en las mañanas soleadas y en las tardes melancólicas de besos.
Y cuando te vas... tus manos se quedan en mí, y siento que una parte de mí se va contigo y así estamos juntos en la distancia, que solo es física...
Cómo te quiero cuando cae la lluvia...
viernes, 30 de julio de 2010
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