sábado, 14 de marzo de 2009

Quimeras...


Agitó sus alas con violencia, se encontraba disgustado, y no era por ella, probablemente eran las circunstancias que a veces los rodeaban, pensó en su mirada lila con añoranza, sabía que la hallaría, y se empezó a calmar un poco el malestar que sentía.

Subió un poco más arriba la roca donde se hallaba, se refugiaba allí cuando no quería herirla con su forma de ser, con la incongruencia de sus pensamientos. La amaba, más que a su propio ser.
Pensó de nuevo en ella, en la caricia que era tocarla, sentirla, evoco su olor, el verde olivo de su cabello y decidió ir a su encuentro.

Desplego sus inmensas y bellas alas y remonto el vuelo en su busca. La halló allí, dónde sabía que la encontraría, en el tálamo que ambos compartían noche a noche y tardes llenas de besos.
Se sentó a su lado, a contemplar su sueño, apenas y se atrevió a tocar su cabello en una caricia ligera, pero aún así ella se estremeció y pronunció su nombre en sueños.

Se recostó a su lado y la estrecho, así como él sabía que a ella le gustaba, su mano sobre su sexo, su rostro junto al suyo. Ella sonrió, lo sabía cerca, entrañable, suyo.
Se perdieron de nuevo en su mundo, en el que solo cabían ellos, en el que se cerraba a la realidad que pudiera lastimarlos, o vencerlos, solo ellos allí, en otro tiempo y otro espacio, lleno de colores que nadie ve, solo ellos.

Estalló un arcoíris a su alrededor y notas de piano que fluían de ese estallido, y así era cuando estaban así, íntimos, reconociéndose, hallándose, olvidando la vida afuera, viviendo solo para ellos mismos.
Y eran ellos y sus bocas y sus manos que se fundían en sus cuerpos, en sus sentimientos, en sus saberes…

1 comentario:

Anónimo dijo...
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