domingo, 21 de diciembre de 2008

Carta al Señor...


Señor, te encuentro en la obscuridad de la noche… en el fresco albor de la madrugada, en el rocío que cubre el césped del jardín, en el trino del ave, en la voz de Paulina, que es más dulce que 10,000 trinos.
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Señor te encuentro en la mirada de mi madre, cansada ya de tantas cosas y que es siempre clara, soñadora, llena de esperanza en Ti, te encuentro en su cuerpo frágil y en la sonrisa que dibuja su rostro cuando me ve aparecer, como un huracán a demandarle tiempo y cosas y mimos.
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Te encuentro en el rostro de mi Momo, y en lo chiquita que es y en la fuerza enorme que tiene dentro de sí para hacer lo que le da la gana, para lograr lo que quiere, en su empeño, en su dedicación y en la forma dulce y única que tiene para decir “mami te amo”.
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Señor te encuentro en manos que tocan teclas armónicas, suaves, nostálgicas, con sonidos nuevos que llenan mis oídos de recuerdos viejos.
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Te encuentro en pequeñas manos que toman la mía, en bracitos que se enroscan en mi cuello, y en tantas naricitas que he limpiado. Te encuentro en un niño que ha aprendido a leer, en los que lloran al entrar a la escuela y después no se quieren ir, en la sonrisa de Ma. Inés, en los besos de Pablo, en el siempre alegre saludo de Joaquín y en cada beso que recibo cada mañana, incluyendo los llenos de saliva y chocolate.
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Señor te encuentro en mis reflexiones (no siempre acertadas), en mi quehacer, en los momentos en los que estoy contenta y en los que estoy triste, y mucho más, en esos momentos –que Tú conoces muy bien- me he hundido en la depresión y en la angustia y en los que he renegado o dudado de Ti.
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Tengo que darte las gracias Señor, pues me colmas de bendiciones, me rodea tu amor y sé que muchas, muchas veces me has llevado cargada en tus hombros y he sido tan necia, que no me he dado cuenta.
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Déjame, hallarte siempre Señor, a cada momento y en cada paso que dé, en las cosas bellas y en aquellas que me causen dolor. En el verde y en el azul, pero también en el tráfico, en el trabajo que siento difícil, en la intolerancia y en el desesperación.
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Déjame encontrarte en la pobreza y en la fealdad, en la enfermedad y en la muerte, en las personas que hacen daño a otras, y déjame bendecirte en su nombre, pues están confundidas y no pueden hacerlo solas.
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Déjame estar contigo y tenerte en mí a cada momento y a cada paso que de y llenarme la boca con Tu Nombre y la mirada con Tu rostro.
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Permíteme perdonarme todo lo que hago mal, todas las veces que te he ofendido, todas las veces que he dudado de tus promesas y de todas las veces en que he sido ingrata contigo.
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Ésta, como todas las Navidades renaces en nosotros, quiero renacer contigo y en Ti, quiero ser mejor persona y bendecirte constantemente en cada acción que haga y en cada pensamiento que tenga.
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En el pesebre esta Tu Hijo, en Tu corazón las mías, guárdalas allí, cuídalas y protégelas como hasta ahora lo has hecho y... quédate en mí.
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Feliz Cumple Jesús, mi compromiso es mi regalo….
Gaby

1 comentario:

Anónimo dijo...
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