¡Hey, señor!, si, usted, ¿podría hacer el favor de explicarme su forma de amar?, es que sabe usted, me desconcierta, a veces, muchas veces no lo entiendo, si, sé que me ama, pero a veces no entiendo de qué manera.
Me acerco a usted cariñosa, frágil, le entrego mi cuerpo, usted mira a través de la ventana y me comenta sobre el tiempo. Sé que me siente y me desea, y aún así sus pensamientos se pierden no se dónde... y de repente una tarde... sin mas, usted me cela.
Me abandona horas enteras, no me invoca pero me tiene presente, allí donde usted sabe que me gusta estar (acurrucada en sus brazos).
Ay señor, que extenso es amar, yo casi no lo sabía antes, hasta que llego usted de pronto y llenó espacios que no sabía que estaban vacíos.
Me saca de su vida señor, me tiene afuera, pero estoy dentro de usted y en cada momento. Cada paso que doy estoy ya rodeada de usted, llena, plena, mujer.
Estoy o no estoy y siempre parece que si y a veces que no, que hay otro lugar y otro mundo y otra gente, pero soy de esa otra gente, de otro pensamiento.
Siento estos brazos míos llenos (a veces) y luego vacíos, pero pienso en usted y se llenan y se los entrego y entonces usted me habla del trabajo, de lo que pasa afuera y si acerco mi mano y lo toco (a veces) lo siento de piedra.
Y vuelvo a casa y pienso ¡Qué manera de amar! ¡Qué extraña! y es que no pensamos o no sentimos igual hombre y mujer, usted y yo.
Y de pronto señor, sus ojos recorren mi cuerpo y sus manos recorren mi cuerpo y esos ojos y esas manos me llenan, me desnudan y me dicen miles de palabras que yo quiero escuchar. Son profundas esas miradas… dicen muchas cosas.
Y entonces señor, me pregunto, ¿Por qué a veces las calla?...
Gaby
lunes, 27 de abril de 2009
sábado, 4 de abril de 2009
Quimeras…
La noche llego de pronto cubriendo de tintes violáceos todos los espacios, la luna siguió dormida, negándose a despertar, los sonidos se fueron apagando poco a poco, hasta que el silencio fue total.
Sentían… mas que escuchar, la respiración del otro, la tomo entre sus brazos y empezó a bailar con ella las melodías que salían de si mismos, la dulce música que ellos generaban cuando estaban juntos, estrechados en un abrazo íntimo.
Aún a obscuras percibía la mirada dulce y lila de ella, sentía su cuerpo desnudo estrechado al suyo, ese cuerpo que siempre se volvía uno con el de él.
Hacía el amor así, bailando, mirándose uno al otro, no había nada más, solo ellos en sí mismos, conectados los cuerpos y las mentes, en el mismo pensamiento.
Así era su amor solo de ellos, solo de su mundo y lo llenaba todo, le daba vida y lo volvía real y tangible.
Sus manos creaban fantasías sobre la piel del otro, dibujaban colores y formas diferentes e iguales y semejantes a las que existían antes, en la creación, cuando aún no había maldad.
Su amor era así… limpio, claro, sin absurdos.
Desplego sus alas de ángel y acurrucándola en su abrazo elevo el vuelo para llevarla muy alto, donde solo hay nubes, donde nunca hay miedo.
Allá se amaron, intensamente, susurrando las cosas que necesitan decirse los amantes, fundiendo sus cuerpos y volviéndose energía, esa energía que daría mañana vida a su mundo, que haría aparecer en el firmamento los soles de colores y los sonidos y que llenaría el espacio de un nuevo día.
Ella cerro al fin sus bellos ojos lilas, aún en sus brazos se quedo dormida, tranquila, el no dormía, no dormía nunca, solo la miraba y dejaba transcurrir las horas…
La noche llego de pronto cubriendo de tintes violáceos todos los espacios, la luna siguió dormida, negándose a despertar, los sonidos se fueron apagando poco a poco, hasta que el silencio fue total.
Sentían… mas que escuchar, la respiración del otro, la tomo entre sus brazos y empezó a bailar con ella las melodías que salían de si mismos, la dulce música que ellos generaban cuando estaban juntos, estrechados en un abrazo íntimo.
Aún a obscuras percibía la mirada dulce y lila de ella, sentía su cuerpo desnudo estrechado al suyo, ese cuerpo que siempre se volvía uno con el de él.
Hacía el amor así, bailando, mirándose uno al otro, no había nada más, solo ellos en sí mismos, conectados los cuerpos y las mentes, en el mismo pensamiento.
Así era su amor solo de ellos, solo de su mundo y lo llenaba todo, le daba vida y lo volvía real y tangible.
Sus manos creaban fantasías sobre la piel del otro, dibujaban colores y formas diferentes e iguales y semejantes a las que existían antes, en la creación, cuando aún no había maldad.
Su amor era así… limpio, claro, sin absurdos.
Desplego sus alas de ángel y acurrucándola en su abrazo elevo el vuelo para llevarla muy alto, donde solo hay nubes, donde nunca hay miedo.
Allá se amaron, intensamente, susurrando las cosas que necesitan decirse los amantes, fundiendo sus cuerpos y volviéndose energía, esa energía que daría mañana vida a su mundo, que haría aparecer en el firmamento los soles de colores y los sonidos y que llenaría el espacio de un nuevo día.
Ella cerro al fin sus bellos ojos lilas, aún en sus brazos se quedo dormida, tranquila, el no dormía, no dormía nunca, solo la miraba y dejaba transcurrir las horas…
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